¿QUÉ HAY DE NUEVO?

¿QUÉ HAY DE NUEVO?

Cuánto nos preocupa que nuestras clases se envuelvan de novedad. Vendemos novedad a los padres y a las madres, a la administración y a los gestores y a… pero, ¿qué hay de nuevo para el alumno?

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Nuevo no es lo que nosotros les damos en el presente, sino lo que ellos utilizarán en su futuro. Y ¿cómo prepararles para ello?, y ¿cómo saber qué necesitarán en su “mañana”?

Nuevo es aquello que conquista el asombro y logra sorprendernos. Si conseguimos eso en los niños, ya les estamos haciendo partícipes de algo nuevo; hay que educar la admiración. Vendemos novedad en los colegios. Y ¿de cuántas formas distintas obtenemos una suma?, ¿de cuántas maneras distintas calculamos una resta? Existen diversas formas de multiplicar y multitud de otras para dividir. Enseñamos a calcular con un procedimiento o a lo sumo con dos, con tres ya sería gastar demasiado tiempo en lo mismo. Vendemos novedad: las clases sin paredes, los IPad como desarrollo del curriculum, las piscinas de olas, y un “nuevo” método que ha llegado de… (¡atención a la procedencia! Para muchos de nosotros la aceptación de ese método es directamente proporcional a la distancia entre su ciudad de origen y la nuestra).

Nuevo no es lo que tiene poco tiempo, sino lo que en el sujeto produce una sensación distinta a la habitual. Si además despierta interés y curiosidad y genera entusiasmo y satisfacción emocional, a eso “nuevo”, yo lo llamo innovador.

¿Vendemos novedad? La oferta no es para asombrar a nuestros alumnos, sino para asombrar a sus padres y a sus madres que son los compradores. Cuántas más fichas, mejor; cuántos más deberes, mejor; cuántos más ejercicios, mejor. Mejor que la carpeta a entregar sea grande y gorda; prueba fiel de lo que han trabajado sus hijos. Sólo algunas madres y algunos padres se imaginan la cantidad de actividades que pueden hacerse a lo largo del día para que hijos e hijas, con admiración y alegría, se diviertan aprendiendo.

¿A cuántos padres sorprenden sus hijos queriendo ir al colegio al día siguiente? Los adultos tienen que ser conscientes de que en esas carpetas no se puede meter el abrazo, la disposición para actuar, el movimiento generado, …; “lo esencial es invisible a los ojos”. Asombrar es dotar de comprensión y entendimiento, de sentido y significado

Algunas veces me dicen “dame fichas”; y yo les digo: ¿para qué? Para llevarlas al aula y… tener más; me dicen. Dame ejercicios; y yo les digo: ¿para qué? Para llevarlos al aula y… pueda entregarles más; me dicen. Dame problemas; y yo les digo: ¿para qué? Para llevarlos al aula y… tener más para los que terminen; me dicen.

Para llevarlos al aula y… Yo te digo: ve tú.

Si tú vas, quizás no necesites tanto. Tienes tanto dentro de tu aula que ya no cabes tú; a veces, ni tú, ni los niños. Más que pedir para meter en la clase hay que empezar a sacar lo que no sirve; HAY QUE VENDER LO VIEJO. Y sacar ya, lo que durante años ha demostrado que no ha valido la pena que ocupe un lugar. Y mientras esto no ocurra, seguiremos vendiendo cosas viejas envueltas en papel moderno.

Habla el maestro. Yo voy al colegio para estar con ellos, no en el mismo lugar mientras ellos están con las fichas queriendo estar conmigo. Imponemos lo que nosotros queremos que sean, y ese no es el futuro. Imponemos nuestra forma de mirar, nuestra forma de ver. Ponemos en la mente del niño los ojos del adulto, y confundimos las necesidades del que aprende con los deseos del que enseña. No preparamos para el futuro del niño, preparamos al niño para sus futuros profesores. En Infantil hicimos Primaria, en Primaria hicimos Secundaria, y en Secundaria, Bachillerato; nunca pusimos cimientos sólidos porque no nos entretuvimos fascinando al que aprende, con las bases fundamentales en los inicios del conocimiento. Se perdieron lo nuevo porque no supimos vender lo viejo.

Paseaba el otro día por el patio. Se acercaron a mí unos cuantos niños, exalumnos, que tirándome de la camisa y rodeándome sin guardar turno de voz me preguntaban: ¿vas a estar con nosotros el año que viene?, ¿nos vas a dar clase?, ¿vamos a tenerte algún curso? Sonreí guardando silencio e intenté comprender lo que con su lenguaje querían decirme: será una suerte un día la de tenerte. Pasé mi mano por encima de sus cabezas haciendo coincidir mi mirada con su mirada infantil, mientras pensaba: será una suerte un día la de tenernos. Luego hablé, para preguntarles: ¿QUÉ HAY DE NUEVO?

A todos los padres y madres, maestras y maestros, que no compran ni venden nada y lo dan todo por educar la admiración, y hacer de la sorpresa y del asombro un proyecto de vida.

Yo conozco a muchos.

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José Antonio Fernández Bravo

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